La Inequidad también presente en el camino hacia la educación superior

 por Emma Restrepo*

Ivianna Littles se graduó de Norristown High School en 2017. El camino no fue fácil. Los niveles de estrés eran altos: intimidación de compañeros de clase, la muerte de un abuelo, el alcoholismo del padre, las luchas financieras de su madre soltera quien la tuvo a los 16 años.

Littles tenía una buena relación con sus maestros y con el director de la escuela para esa entonces y además, tenía una mentora de un grupo llamado Young Scholars, que apoyaba estudiantes en todo tipo de circunstancias, además de guiarlos para que accedieran a educación superior. Fue ese grupo el que justamente la ayudó a superar lo que ella llama una “barra generacional”, es decir, no tener padres que hubieran terminado la escuela secundaria.

Así que cuando llegó el momento de postularse para la universidad, el estrés aumentó pero también  cierto éxito: “Solicité más de 30 becas. Creo que de los 30, obtuve 10 ó 15. Y la universidad de Temple me dio mucha [ayuda], pero con todo y ello, trabajé y estudié al mismo tiempo porque la ayuda no era suficiente”.

Su madre también la ayudó. Ella logró un préstamo PLUS del gobierno federal. Todos los esfuerzos fueron necesarios para pagar su matrícula: becas, ayuda, préstamos, estudio y trabajo. Littles, de 22 años, es la primera en su familia en asistir a la escuela postsecundaria. Recientemente se graduó de la Universidad de Temple con una licenciatura en Justicia Penal.

“Creo que en nuestra comunidad [afroamericana] lidiamos con muchas dificultades y no siempre terminamos la universidad porque a menudo nos encontramos con un bache en el camino”, dijo Littles.

Para padres e hijos, la educación postsecundaria representa una oportunidad para escapar de la pobreza generacional, para construir un futuro basado en un salario digno, pero múltiples barreras se interponen entre los estudiantes de color y ese sueño. Y esas barreras sutiles pero sistémicas son permanentes y pueden hacer que la esperanza parezca tan solo una quimera.

El problema comienza con el lugar donde alguien nace. El código postal es un gran determinante en las opciones para asistir a la universidad, dijo Laura Perna, profesora de educación de GSE y directora ejecutiva de Alliance for Higher Education and Democracy en la Universidad de Pensilvania.
“La riqueza de una comunidad tiene un gran impacto en los recursos disponibles en una escuela”, agregó, “lo que a su vez se relaciona con la preparación universitaria de un estudiante”.
Al evaluar el éxito universitario, tres estadísticas cuentan la historia: tasas de inscripción, tasas de retención y tasas de graduación. Para los estudiantes de color la historia que cuentan estas estadísticas, es preocupante.

El Instituto Pell, un instituto de investigación patrocinado por el gobierno sobre oportunidades educativas, y PennAHEAD encontraron que los porcentajes de latinos y afroamericanos entre 18 a 24 años matriculados en educación postsecundaria son más bajos que el porcentaje de blancos: 27 por ciento latinos, 37 por ciento afroamericanos y 43 por ciento blancos.

El mismo informe dice que las tasas de retención y graduación de los estudiantes latinos y afroamericanos están rezagadas con respecto a las de los blancos.

En un informe separado, Excelencia in Education encontró una brecha de 12 puntos porcentuales (51 por ciento a 63 por ciento) entre las tasas de graduación de estudiantes latinos y blancos. La asequibilidad, o la falta de ella, es un factor importante detrás de esos números, dijo Perna, “Pennsylvania ocupa el puesto 49 de 50”.

Según el Centro de Políticas y Prioridades Presupuestarias, Pensilvania recortó los fondos para su sistema universitario estatal en más de un tercio entre 2008 y 2018. Se esperaba que los estudiantes tomaran el relevo pagando una matrícula más alta.

Más allá de eso, dijo Perna, Pensilvania tiene trabajo por hacer en términos de preparar a todos sus graduados de secundaria para lidiar con el nivel universitario. Los recursos simplemente no están disponibles en algunos distritos escolares para lograr ese objetivo, particularmente considerando los desafíos que enfrentan algunos de estos estudiantes en términos de estabilidad en el hogar e inseguridad alimentaria.

Norristown y Pottstown son un reflejo de Pensilvania en su conjunto. Según Children First, el acceso a la educación postsecundaria ha aumentado un 53 por ciento en Norristown y un 66 por ciento en Pottstown. En Norristown, de ese porcentaje, el 70 por ciento son blancos, el 49 por ciento afroamericanos y el 43 por ciento latinos. Sin embargo, la retención sigue siendo baja.

Daniela Castañeda, de 17 años, es estudiante de último año en Norristown High School. Ella espera matricularse en la universidad este año y obtener un título universitario, pero, como estudiante de color de primera generación, Castañeda está experimentando algunas de las barreras sutiles para alcanzar el éxito.

Por ejemplo, ha tenido problemas con lo complejo y engorroso que puede ser el proceso de solicitud de ingreso a la universidad. “No me di cuenta de cuánta información [la aplicación] realmente necesitaba sobre mi vida”, dijo Castañeda. “Me preguntaron sobre el tamaño de mi familia, cuánto dinero ganan, tipo de casa, si es alquilada, cuántos años tienen mis hermanos, si soy parte de un club y si mis amigos se graduaron. ¡Guau!”.

Además, Castañeda no se sintió preparada para algunas de las expectativas creadas en el proceso de admisión.

“Siempre supe lo difícil que es [ingresar a la universidad], pero nunca supe cuánto”, dijo. “Tengo un GPA promedio. Siempre me han dicho que estoy en el camino correcto, pero resulta que muchas becas y escuelas requieren un GPA un poco más alto de lo que me han empujado a tener”.

Castañeda cree que la poca preparación para la universidad que recibió en K-12 se debe a la falta de relaciones cercanas con sus maestros. Siente que no hubo mucho apoyo y no tuvo la confianza para acercarse a ellos en busca de ese apoyo. “No me expuse solo por la forma en que funcionaba el sistema en la escuela”, dijo. “Si no eres parte del consejo… si no eres popular… si no eres blanco, realmente no obtienes la atención que necesitas. Eso se llama desventaja”.

Perna dice que la experiencia de Castañeda subraya el trabajo que tiene que hacer la educación superior para pensar en la equidad en términos prácticos, no solo utópicos. “¿Cuáles son los criterios que estamos utilizando para otorgar becas y otros tipos de beneficios a diferentes personas?”, se pregunta Perna. “¿O cuáles son las variaciones en los tipos de clubes y oportunidades que están disponibles para los diferentes estudiantes? Espero que nos estemos trasladando hacia un lugar donde haya más comprensión sobre la perspectiva de la riqueza cultural”.

Por riqueza cultural, ella se refiere en parte a “fuentes que están disponibles en una escuela secundaria para ayudar a promover el conocimiento relacionado con la universidad y la disponibilidad de consejeros que pueden tener el tiempo y los recursos para hablar con los estudiantes sobre las opciones universitarias. Probablemente se podría decir que (la oportunidad) comienza al nacer”.

Tanto Littles como Castañeda encontraron orientación y apoyo para postularse a universidades en organizaciones externas a la escuela. En el caso de Castaneda CCATE, una organización sin fines de lucro con sede en Norristown, fue su salvación.

Los estudiantes de color en muchos casos eligen sus carreras de acuerdo a las experiencias que han vivido al crecer como comunidades de color. Littles quien ya se graduó, dijo que quería usar su capacitación en justicia penal para ayudar a las personas que de otra manera “no van a ser representadas de manera justa”.

Del mismo modo, Castañeda está pensando en obtener un título en Psicología o Trabajo Social. “Quiero ayudar porque, personalmente, he visto a la gente luchar. (Mi) mamá siempre me ha dicho: ‘Oye, deberías traducir o preguntar si necesitan ayuda o algo’”, dijo Castañeda. “A medida que crecía, comencé a entender porqué me decía que hiciera eso, es porque mi madre estaba en esa misma situación”.

El contexto del vecindario a menudo es fundamental para las opciones de carrera de los estudiantes de color. Quizás por eso no hay mayor participación y diversidad en los campos de la ciencia, la ingeniería y la tecnología.

Un informe del Center for American Progress, “The Neglected College Race Gap”, informa que: “Si los estudiantes afroamericanos y latinos tuvieran la misma probabilidad que tienen los estudiantes blancos de especializarse en ingeniería, Estados Unidos tendría 20 000 ingenieros más entre 2013 y 2015. ”

El país también tendría 30,000 maestros de color más si los estudiantes de color ingresaran a esa profesión al mismo ritmo que los blancos.

Perna traza una línea directa entre la falta de accesibilidad a la educación superior y la persistencia de la pobreza en algunas comunidades, señalando cómo la educación accesible abre la puerta a muchas otras cosas: más compromiso cívico, mejor salud, mayores ingresos, mejor calidad de vida y una contribución más significativa a la sociedad.

“Nos falta mucho”, dijo Perna. “Una población bien educada contribuye a una mejor sociedad”.

Los estudiantes de distritos con menores recursos no obtienen la misma preparación para acceder a la universidad que los estudiantes de distritos más ricos

Nota del editor: Este es el segundo artículo escritos por Emma Restrepo, reportera independiente escribiendo para el proyecto disParities Media de Children First.